Tremenda dimensión social del viaje especial de la AEAF

Almorchón- La Alhondiguilla
Almorchón- La Alhondiguilla

Por segunda vez en este 2012 la Asociación Extremeña de Amigos del Ferrocarril (AEAF) organizó un tren especial, y por segunda vez cosechó un éxito de viajeros. Si el anterior Cáceres-Valencia de Alcántara completó todas las plazas de un 592-2, éste Almorchón-La Alhondiguilla las rebasó.

 

 Un viaje especial con un itinerario como el citado no podía tener una aceptación menor. Recorrer la ruta Almorchón-La Alhondiguilla, de la línea Almorchón-Córdoba, ha sido un lujo convenientemente valorado, y así las plazas del automotor 592-2, en este caso el 7-592-226 de la base de Madrid-Cerro Negro, se han quedado cortas para la demanda de viajeros que ha tenido la Asociación Extremeña de Amigos del Ferrocarril (AEAF). En definitiva, el pasado sábado día 3 salieron de la estación pacense 270 viajeros hacía la comarca cordobesa del Valle del Guadiato, un recorrido por una línea cuyos servicios comerciales para trenes viajeros cesaron en el año 1974.
La excelente organización de la AEAF, con su presidente, Ángel Caballero Muñoz, al frente, logró hitos no sólo ferroviarios, sino también sociales. Entre los primeros cabe destacar el estudio detallado de la línea para que el tren realizara las paradas convenientes, con el fin de que los viajeros pudieran conocer los puntos de mayor interés, como cuando en el pk 17/456 se contempló a pie de vía el magnífico puente que salva el río Zújar, compuesto por dos tramos metálicos de 52 metros. Una vez reanudada la marcha, Caballero Muñoz reconoció al pasar por la que fuera la estación de Zújar de Córdoba que «una de esas casillas fue la vivienda de mis padres durante más de 30 años». Después, se pudieron observar de cerca las estaciones o apeaderos de Valsequillo, La Granjuela, Peñarroya-Pueblonuevo (parada de una hora para recorrer las instalaciones y lo poco que queda del ferrocarril de vía estrecha de Peñarroya a Fuente del Arco y Puertollano), Bélmez, Espiel y La Alhondiguilla.

Si el valor ferroviario de este itinerario especial entre Almorchón y La Alhondiguilla es incalculable, su dimensión social fue aún mayor, aunque parezca exagerado, fue tremenda. Los otros protagonistas de la jornada fueron los niños, niños que no se habían subido en su vida a un tren, y lo hicieron, como muchos mayores que también aprovecharon la ocasión para hacerse fotos junto al 592-2 e, incluso, para ver cómo era la cabina de conducción. Y niños y mayores no sólo de una localidad, sino de Valsequillo, de La Granjuela, de Peñarroya-Pueblonuevo… los de Bélmez incluso confeccionaron una pancarta y recibieron al automotor agitando unas banderitas. «Con esa imagen», puntualiza el artifice de esta actividad, Caballero Muñoz, «me quedo, con la cara de los niños al ver de cerca un tren y poder recorrerlo por dentro». Alegría que se llevaron las criaturas gracias a la AEAF y a sus más directos colaboradores, Renfe Operadora y Adif.