III Congreso Barcelona (27 al 29 de junio de 1965)

La Asociación de Aficionados a los Ferrocarriles de Barcelona era la más antigua de España y su experiencia, medios y número de socios la colocaban, como es lógico, a la cabeza de la afición española. Habían tenido la deferencia de ceder el primer año la presidencia a Madrid, por haber sido su presidente, el que moviera con sus relaciones los hilos para hacer posible una reunión fundacional en Zaragoza.

Haciendo honor a todas las cualidades apuntadas, tuvieron la gentileza de esperar en la cabecera de andenes a los delegados que iban llegando en los trenes de Madrid, Bilbao, Levante y Andalucía. Para facilitar el conocimiento llevaban una credencial identificativa.

Memorable tarde del 27 de junio para los aficionados de Barcelona que inauguraban su nuevo local en la segunda planta de la estación Término, e inolvidable festejo para los congresistas del resto de España. Hubo bendición del local, discursos y copa de vino, que saboreamos asomados a una de las ventanas que daban a los andenes de la estación. ¡Que espectáculo desde la Asociación viendo entrar y salir los trenes por encima del andén!.

Dentro del local, quedamos maravillados por sus dimensiones y lo que se exhibía en vitrinas. El gran esfuerzo que hicieron los aficionados barceloneses, creemos que se compensó con las entusiastas felicitaciones de los visitantes. Para los aficionados de otras latitudes, lo que teníamos ante nuestros ojos era una meta a conseguir con el tiempo.

En autobús hubo desplazamiento a la avenida del Tibidabo para el Tranvía Azul y el funicular a la cumbre de la montaña. Para algunos era la primera vez que veíamos Barcelona y la impresión quedó grabada para siempre.

Efectuado el descenso, otra vez en autobús, fuimos conducidos al restaurante La Pérgola frente a las fuentes de Montjuich, donde otra vez fuimos sorprendidos con una cena de categoría, en la que todos fuimos invitados por la Asociación anfitriona.

La noche terminó con otra sorpresa. Recorrido nocturno por las avenidas de Barcelona, con final en el Museo del Ejercito desde el que había una preciosa panorámica del puerto.

En la segunda jornada se visitó primero el Puesto de Mando de Barcelona Término, situado sobre el haz de vías de entrada. Mirador privilegiado sobre las instalaciones ferroviarias, en el que no nos hubiera importado quedarnos todo el día. Pero el programa de actos era tan completo que no se podía perder ni un solo minuto, así que ocupamos plaza en una unidad eléctrica que Renfe acababa de recibir de Suiza para los servicios de cercanías de la región catalana. La que sería popular 600 en toda España, tenía entonces aires distinguidos pues había composiciones con primera clase.

El viaje de demostración fue hasta San Pol del Mar, por la línea de Mataró, alcanzando en un trayecto los 120 km/h. velocidad que en aquella época sólo alcanzaban los contados trenes de aire acondicionado.

De vuelta otra vez a la nueva estación de cercanías, fuimos recogidos por un autobús para llevarnos a la plaza de la Catedral, desde donde se hizo a pié un recorrido por el barrio Gótico, terminando en el Ayuntamiento, donde además de visitar los salones del consistorio de la ciudad, pudimos ver una exposición sobre la futura Red de Transportes de Barcelona. En el salón de Ciento fue ofrecida una copa de vino español.

Por la tarde hubo Junta de la Federación y a continuación nos desplazamos a Ocata, invitados por Enrique Fatjó, que mostró magníficas maquetas de vehículos a escala O y su estupenda instalación HO en la que nos llamó mucho la atención el establecimiento de itinerarios por medio de las “palancas” de telefónica, utilizadas para cambiar la comunicación a distintos terminales. Fue muy agradable la estancia en la villa de la familia Fatjó, cuyos miembros se desvivieron por agasajarnos. Empezó entonces una entrañable amistad con Enrique con el que tuvimos la oportunidad de coincidir hasta su muerte en los congresos nacionales y en el Morop, mostrándose siempre cariñoso, entendido y servicial con la afición. De su industria gráfica salió el primer carné común para todas las Asociaciones de España.

En la última jornada, nos dedicamos a los Ferrocarriles de Cataluña y el Metro, haciendo un recorrido por la línea automática Orta-Vilapiscina, en una unidad que no requería la presencia del conductor. En los fosos del taller pudimos conocer los fundamentos de este sistema de conducción automática, que era el primero del mundo explotado comercialmente. Terminada la visita en la estación Virrey Amat, nos recogió un tranvía tipo “Washington” con el que se dio una pequeña vuelta tranviaria hasta la plaza de Cataluña.

De la sesión de trabajo de este congreso salió el emblema de la Federación, partiendo de un boceto presentado por la Asociación de Sevilla, sobre la idea de una rueda con pestaña, sobre la unión de dos carriles, mediante brida. En la rueda se leería “Federación Española” y debajo del carril “Asociaciones de Amigos del Ferrocarril”. De su ejecución se encargaría Bilbao por ostentar la presidencia en el año siguiente.

En cuanto a una publicación federativa, de momento se hizo cargo Barcelona incluyendo a sus boletines una hoja de noticias relativas al resto de las Asociaciones y Federación, con publicación bimensual.

Ni que decir tiene que regresamos de Barcelona contentos de lo bien que lo habíamos pasado y felices por las nuevas amistades que venturosamente serían perdurables con el tiempo.