I Congreso Zaragoza (junio de 1963)

Convocados por Juan B. Cabrera, nos reunimos en Zaragoza los representantes de las Asociaciones que, hasta el momento, venían funcionando y que tenían como único enlace la revista Tren Miniatura, editada en Palma de Mallorca. Barcelona y Madrid las más veteranas, junto a Bilbao y Valencia con varios años de rodaje. Totalmente bisoñas, pero con empuje, Sevilla y Pamplona.

Del primer encuentro recordamos a los valencianos con un distintivo rojigualda en la solapa. A los de Madrid los conocíamos de recientes visitas por Zurbano, los días de reunión. Los representantes de Barcelona, Bilbao y Pamplona eran totalmente desconocidos.

A las 20.20 horas del 29 de junio de 1963, en el Ateneo Industrial y Mercantil, nos reunimos los convocados en una sala de juntas de maderas nobles e iluminación de incandescencia, que le daba un aire más solemne aún.

El Sr. Cabrera cito como arranque de esta Federación que pretendíamos organizar, la fecha del 23 de mayo de 1957, con ocasión de la celebración en Madrid del centenario de la locomotora MZA-246 en la que estuvieron presentes los representantes de la Asociación de Madrid y Barcelona, con el Sr. Quiles, editor de Tren Miniatura y que representaba a la recién fundada Asociación de Valencia. Allí se convino en la necesidad de redactar unos estatutos, cosa que hizo el Sr. Cabrera enviando copia a todos los demás para fijar enmiendas y traer a Zaragoza el trabajo avanzado.

Las primeras discusiones giraron en torno a votos y cuotas. Barcelona decía que no debían tener el mismo peso las Asociaciones más antiguas y con más número de socios que las más modernas, constituidas por un reducido número de personas. Las Asociaciones pequeñas por su parte, no estaban de acuerdo en que la contribución a las cargas económicas fuese igual para las que tienen muchos socios, como para las que tienen pocos.

Sin llegar a un acuerdo completo la cuestión se encauza de forma que las cargas económicas sean en cierto modo proporcionales al número de socios para no cargar excesivamente a las Asociaciones que cuenten con pocos. En compensación, en cuestiones de tipo económico, las Asociaciones de mayor número de socios tendrán mas votos.

Se suscita la conveniencia de editar un boletín de la Federación y otra vez vuelve a polemizar por las cargas económicas que ello supone. Dada la avanzada hora, se propone continuar después de la cena en el “hall” del Gran Hotel, con un cambio de impresiones.

Esta reunión informal, dio lugar al enfado de la Asociación de Valencia, por un malentendido de hora y comenzarse a tratar del boletín sin estar ellos presentes.

Con el paso del tiempo vemos ahora que detrás de tanta discusión, algún que otro disgusto y mucho tiempo perdido sin provecho que lo justificara, lo que subyacía era un temor a la posible hegemonía de unos sobre otros y a no poder soportar las cargas económicas inducidas por la Federación. Después de varios lustros podemos ver que nada de eso ha ocurrido y se ha conseguido mantener el espíritu inicial que propició la creación de la Federación, que no es otro que aglutinar a las Asociaciones de Amigos del Ferrocarril de España.

Pero no todo fueron reuniones serias en Zaragoza. Se visitó la estación de Delicias, donde aún quedaban locomotoras de vapor. Se paseó en tranvía y recordamos uno articulado de tres cajas, que podemos catalogarlo de precursor de los que actualmente están apareciendo por toda Europa. En fin, visitamos la factoría de Manufacturas Metálicas y Construcciones, antes Carde y Escoriaza, donde en aquel momento se fabricaban los primeros coches-cama climatizados. Aquella fue la primera visita a una industria de construcción ferroviaria y resultó interesante y muy instructiva.

Hubo unanimidad en aprobar la propuesta de Barcelona, de que fuera el Sr. Cabrera de Madrid el que iniciara la presidencia de la Federación y ostentara el cargo de Delegado Permanente en la capital de España en años sucesivos.