Antonio Miguel Lara Ríos (Córdoba, 1989) desarrolló una pasión por la lectura y el dibujo desde la infancia. Con trece años culminó su primer manuscrito, Azahara Abajar, en un bloc escolar. En este 2024 cumple 25 años al frente de las letras, desde que escribiera su primer relato. Se considera un autodidacta en constante aprendizaje.
En 2016 autopublicó En busca de su encuentro. Con esta novela descubrió su especialidad: abordar temáticas de índole moral en géneros de fantasía y terror, influenciado este último por su interés en el campo del misterio. En la misma línea plantea la trilogía de fantasía y terror: En el nombre de Arcadia, cuyo primer volumen, subtitulado Mensajes de ultratumba, se publicó en agosto de 2023 bajo el sello de Ediciones Arcanas. En diciembre del mismo año, publicó La Navidad de los ambulantes: una novela social ambientada en la Inglaterra victoriana, en la que ensalza el verdadero espíritu de la navideño. Aquí el ferrocarril es uno de los protagonistas.
Con El Chaparral el autor aboga por el medio rural y esa sociedad cuyos vecinos se reunían al fresco a la puerta de casa. Este libro es un tributo hacia su familia de origen ferroviario que habitara en el entorno de dicha estación y una oda a nuestros mayores. También al ferrocarril mismo; ese que un día dejó de parar en todas las estaciones. Antonio Miguel es socio de la Asociación Cultural Cordobesa de Amigos del Ferrocarril, donde ocupa el cargo de secretario. Su familia, en especial su abuelo, le transmitió el legado que con esta obra pretende inmortalizar.
Sinopsis:
Los niños quieren hacerse mayores y los mayores anhelan el pasado. Pero pocos valoran el presente.
El ferrocarril representa el movimiento; el paso del tiempo; el cambio que debe afrontar el protagonista de esta historia al vaticinar ese futuro cercano. El momento le presenta unas vacaciones idílicas en la estación de El Chaparral. Su abuelo, el jefe de estación, así como las gentes curtidas del campo que habitan los cortijos que mantienen el último resquicio de vida en el lugar, alimentan las fantasías del niño con un pasado que, a su parecer, siempre fue mejor. Pero la experiencia juega a favor de los mayores. Es por ello por lo que ayudan a Antonio José, o como lo llama su abuelo, Joselito, a valorar el presente, atrapar el momento para que en el futuro los recuerdos sean felices y no melancólicos. Pero la sociedad rural no sabe que asiste al fin de una era. Por lo pronto solo ven un signo: las paradas de los trenes en esa estación en mitad de la nada tienen los días contados. El relevo generacional prefiere las comodidades que ofrece la vida urbana. Eran los últimos días de la España
del «vaya usted con Dios».
Un signo pasa desapercibido y, sin embargo, es la radiografía del momento: cuando somos felices el humor aflora.
Esta es la historia de un niño que se enamoró de una estación.
