Una vez conocida la sentencia que con fecha 13 de abril emitió el Juzgado de lo Social nº 1 de San Sebastián, considerando como nulo de derecho el despido de Juanjo Olaizola con reposición en su puesto de trabajo en las mismas condiciones en que lo venía ejerciendo, e independiente del posibilidad de recurso que ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, pueden presentar las partes. Desde la Federación Española de Asociaciones de Amigos del Ferrocarril desearíamos que las diversas instituciones implicadas en el desaguisado, dentro de la responsabilidad de gestión que tienen ante los ciudadanos que elegimos y contribuyentes que pagamos realizaran una elemental reflexión.

A Euskotrenbideak y por ende al Gobierno Vasco, al margen del escándalo que supone las decisiones arbitrarias y la postura de “mantenella y no enmendalla”, sobre todo cuando quien paga es el pueblo al que dicen servir y administrar, en este caso muy mal por cierto, debería retomar sus decisiones y si alguien desde su plataforma política quiere salvar el culo o el ego, que lo haga con su patrimonio, pero nunca con el patrimonio público e histórico vasco, y que bien se podría decir europeo, como se ha visto por las muestras de repulsa habidas en toda Europa sobre la gestión y las decisiones tomadas en relación al Museo Vasco del Ferrocarril.
A la Fundación del Museo Vasco del Ferrocarril, recordarle que son administradores no propietarios de algo que no les pertenece en derecho privado, pues su contenido es patrimonio público y la mayoría de sus patronazgo emana de la representación democrática y que el pueblo es el soberano, aunque a veces por las cegueras políticas sea el último en tomar decisiones. Lo que no es de recibo es que se dedicaran a mendigar por toda Europa la cesión de un maquinista ofreciendo sobresueldos (de dudosa legalidad), con nulo éxito, para cubrir su ineptitud y poner las locomotoras de vapor en marcha, cuando uno de los mejores y formador de otros muchos, vivía a 500 metros del Museo. A este respecto supongo que rendirán cuentas de su gestión, a toda luz nefasta, en su momento, pero ya será tarde, pues el mal ya estará hecho y se necesitarán ímprobos esfuerzos para recuperar el esplendor de la joya que un día fue el Museo Vasco del Ferrocarril.
Al Ayuntamiento de Azpeitia, que a la chita callando ha sido cómplice activo en todo este drama o sainete, según se mire, pues hay que destacar el vergonzoso silencio institucional mantenido en todo este tiempo, aún viendo como uno de los emblemas de la ciudad, el escaparate en el que era conocida en toda Europa lo estaban destrozando. También cómplice activo cuando en función de no sé qué pactos políticos oscuros, olvidando sus raíces supuestamente “abertzales” acepta de buen grado modificar los Estatutos existentes, para así apoyar entusiásticamente la expulsión de los Amigos del Museo propuesta por el partido “españolista”, con lo que se eliminaba cualquier espíritu constructivo dentro de la Fundación. Y decimos bien, constructivo, pues fueron ellos los Amigos del Museo con su esfuerzo personal y desinteresado y no algunos políticos arribistas los que levantaron el Museo al prestigio que hasta ese momento ocupaba, recuperando parte de la historia social e industrial de la ciudad a la que dicen gobernar. Que expliquen al pueblo de Azpeitia las pérdidas de visitantes y por tanto de ingresos que ha supuesto la deficiente gestión llevada a cabo desde el despido de Juanjo Olaizola, y los demás despropósitos hechos con el Museo Ferroviario y por lo tanto con la ciudad de Azpeitia.
Desde la perspectiva que da la relativa distancia en tiempo y espacio, desde la Federación Española de Asociaciones de Amigos del Ferrocarril y desde la autoridad que nos aporta tener entre nuestros miembros a las diferentes asociaciones vascas de amigos del ferrocarril y la experiencia sumada de los numerosos expertos que sobre esta materia reúnen nuestros aproximadamente 16000 afiliados, pedimos por enésima vez reine el sentido común entre nuestros gestores públicos, y una vez que la Justicia se pronunció las aguas vuelvan a su cauce y el que fue alma mater del Museo Ferroviario Vasco, Juanjo Olaizola sin otra dilación vuelva al puesto que siempre tuvo en el museo y del que nunca debió ser apartado, así mismo exigimos que la Asociación de Amigos del Museo del Ferrocarril se reincorpore al patronazgo del que nunca debió ser expulsado irregularmente, por su importante aportación y colaboración y porque está formada por el pueblo amante del ferrocarril y su historia, y si los administradores públicos quieren montar chiringuitos, que lo hagan al margen, pero les recuerdo que aproximadamente cada cuatro años al pueblo le tocará hablar.
