La composición repostando en Ayerbe. Foto: Alfonso Muñoz Romero.

Volver a Zaragoza, veintiséis años después de que allí se fundara la Federación, tenía para muchos un atractivo especial, no carente de cierto escalofrío, al hacernos cargo de los años que van pasando por todos los que con ilusión nos reunimos entonces para conseguir lo que al fin se ha logrado y es, que una vez al año, coincidamos los Amigos del Ferrocarril en una ciudad española para cambiar ideas, experiencias y vivencias ferroviarias.

Hubo cierta incertidumbre en los días previos a esta cita, por las huelgas convocadas en los ferrocarriles españoles que hacían peligrar, no sólo el desarrollo del programa, sino hasta la posibilidad de desplazarnos hasta Zaragoza. Felizmente se arregló todo y pudimos llegar, aunque pasados por agua.

Foto: Alfonso Muñoz Romero

Bajo la lluvia primaveral tuvo lugar la parada de vapor de la Estación de Delicias, preludio del viaje a Canfranc, que por si solo justificaba el Congreso.

Una composición de Lukys (cinco mil transformados en coches salón) remolcados por la locomotora Escatrón cedida por Endesa, se llenó de congresistas y muy de mañana salió de Zaragoza hacía Ayerbe y Jaca.

En el trayecto hubo de todo, cruce con electrotrenes, automotores, rápidos y sobre todo, aprovisionamiento de agua y fuel, con la participación decisiva de los bomberos, que como más de una vez, colaboraron con sus tanques a aprovisionarnos.

Esperando un cruce en Sabiñánigo. Foto: Alfonso Muñoz Romero.

La parte culminante del viaje fue el trayecto final de Jaca a Canfranc. Túneles y viaductos contribuían a que la composición del congreso diera lugar a bellas imágenes que se apresuraban a impresionar los aficionados que, desde la carretera, nos seguían kilómetro a kilómetro.

Para los que hacían el recorrido por primera vez, al final encontraron la visión impresionante de la estación fronteriza, con sus dimensiones increíbles, entre montañas y sus formas arquitectónicas de estilo francés.

Pero al lado de este conjunto monumental, la frialdad de la soledad de vías oxidadas después de muchos años de no pasar por ella vagones franceses. En las vías de ancho Renfe, tan solo el automotor de tres coches o el rápido de Madrid, con sus colores azul y amarillo, dan vida en algunos momentos del día al complejo ferroviario.

La composición detenida en la subida a Canfranc. Foto: Alfonso Muñoz Romero.

La emoción del viaje hizo olvidar la hora de comer y así dieron las cuatro, cuando lo más de cien congresistas se sentaron a la mesa. Recuperadas las fuerzas vino el momento emocionante de fotografiar el tren en la boca sur del túnel de Somport.

El regreso a Zaragoza se hizo desde Jaca con doble tracción diesel-vapor, ayudando una 1900 a la Escatrón a llegar antes de las doce de la noche a destino.

En la segunda jornada se visitó la factoría de CAF en la que se construían los últimos electrotrenes 444.500 en los nuevos colores azul y blanco, además de otros vehículos, siendo obsequiados con una colección de fichas de los vehículos construidos en la factoría y un completísimo aperitivo que hizo innecesaria la comida de mediodía y que dificultó el acceso en plena vía a la unidad eléctrica que fue a recogernos.

El tren del Congreso estacionado en la majestuosa Canfranc. Foto: Alfonso Muñoz Romero.

Por la tarde se celebró la Asamblea General en la que se fijaron las bases para elegir el Modelo del Año. Entre las novedades presentadas por distintos fabricantes de locomotoras, vagones o coches españoles.

Se presentó la petición de incorporación a la Federación de la Asociación Pacense de Amigos del Ferrocarril, siendo admitida en el curso del año, en la siguiente reunión de la Junta de Gobierno.

El tren del Congreso sale del túnel internacional de Somport. Foto: Alfonso Muñoz Romero.

En la jornada matinal del domingo, se hizo una excursión a Ejea de los Caballeros, para visitar la colección de tranvías que José María Valero ha conseguido rescatar de todas las capitales españolas, en las que hubo este medio de transporte. Realmente admirable la labor desarrollada para conservar unidades de gran valor para un Museo del Tranvía.

En este congreso se estableció la cuota de participación más baja en los últimos años prescindiéndose de gastos superfluos y excesos culinarios en las comidas al aprovechar la generosidad de los anfitriones en algunas visitas.

La privilegiada situación geográfica de Zaragoza en el mapa ferroviario de España, permitió que la mayoría de los congresistas retornaran en una tarde a sus ciudades de origen. Solo andaluces y gallegos necesitarían también la noche en un viaje de retorno, pero esto al fin y al cabo supone un suplemento de disfrute del tren.