Las fechas elegidas para la celebración de este Congreso, ya bien entrado otoño, resultaron finalmente muy negativas, por las consecuencias que se derivaron para la Federación.

En la semana anterior al Congreso, lluvias torrenciales en Cataluña y Levante, cortaron vías de comunicación y pusieron en peligro la celebración de los viajes previstos. De hecho hubo algunos congresistas que, como consecuencia del retraso con el que llegaron sus trenes a Barcelona, les fue imposible incorporarse al programa de la primera jornada, que era nada más y menos que una excursión a Ribas y a Nuria. Pero es que los que finalmente participaron en la misma, tuvieron que ir en autobús debido a la imposibilidad de hacerlo en el electrotrén previsto.

Los enlaces no pudieron mantenerse y la vuelta a Barcelona tuvo lugar después de las diez de la noche, con lo que por primera vez la Federación tuvo su Asamblea a las once de la noche.

En la segunda jornada, con un sol espléndido, se visitó el taller del Metro de Santa Eulalia, haciendo a continuación un recorrido en tren histórico gracias a que era domingo y no había el tráfico normal de los días laborables.

Se viajó a Martorell y desde allí con las locomotoras Berga y Olot se tuvo una memorable jornada de vapor hasta la Pobla de Claramunt donde se almorzó. Volvieron a repetirse las escenas de aprovisionamiento de agua y al caer la tarde se visitaron los talleres de mantenimiento de Ferrocarriles Catalanes y el Puesto Central de Tráfico de Martorell, regresando todos a Barcelona en una nueva unidad eléctrica de alto poder de aceleración y estupenda suspensión.

La cena en la Torre de Cataluña sobre la estación de Sants, dominando la Barcelona nocturna bellamente iluminada, fue una estampa inolvidable. A Javier Cejuela se le entregó una placa conmemorativa por su ininterrumpida asistencia a los veinticinco congresos celebrados, incluido el de la Fundación de la Federación en Zaragoza en 1963.

El lunes, última jornada del congreso, se visitaron las cocheras y talleres de tranvías del Tibidabo, haciendo el recorrido de ascenso con el famoso tranvía azul.

A continuación se visitó el C.T.C. y Puesto de Mando de los Ferrocarriles Catalanes de la Generalitat haciendo un recorrido en el automotor 301 construido por Brill en 1921 y reconstruido especialmente para la Compañía para este congreso.

Sobre vía de ancho internacional se circuló hasta la Universidad de Bellaterra, regresando para tomar un suculento aperitivo en las oficinas de los F.G.C.

Por la tarde muchos aprovechamos las últimas horas de estancia en Barcelona para disfrutar en el parque de La Oreneta de las instalaciones de vapor vivo de los amigos de Estudios de Modelismo Vapor.

Al principio de este capítulo decía que las fechas de este Congreso tuvieron una influencia negativa para la Federación, por cuanto la asistencia de congresistas de fuera de Barcelona y de la misma Asociación organizadora no fue la que cabía esperar y esto, además de déficit presupuestarios, originó tensiones que terminaron en la petición de baja de la Asociación de Barcelona en la Federación.

Para los que fundamos la Federación, esta baja es mucho más sentida por lo que tiene de recuerdo a los que representando a la Asociación de Barcelona, hicieron un gran esfuerzo para vencer aquellos temores del principio, por los votos y las cuotas.

Pasados los años, comprobamos que nadie es imprescindible y el número de socios no significa mucho en ninguna Asociación para hacer grandes cosas.