En esta ocasión el congreso comenzó con la Asamblea General el mismo día de la recepción de los congresistas, habida cuenta de los viajes de las dos jornadas siguientes, que prometían un ajustado horario sin tiempo para la reunión de delegados, en que se debía elegir presidente para los cuatro próximos años. El nombramiento recayó en Eustaquio de la Cruz Lagunero, de Valladolid, cuya toma de posesión tendría lugar a partir del mes de enero siguiente, norma esta que se institucionaliza para permitir el relevo cómodo de Junta de Gobierno, con las cuentas del año natural cerradas.

El segundo día del congreso se hizo un viaje en unidad eléctrica a Ribas de Freser. Al paso por la estación de Sants, una incomprensible parada de casi dos horas desquició por completo el programa del día, llegándose tarde al enlace con el Tren Cremallera de Núria. La visita a los talleres hubo que modificarla y la comida se retrasó considerablemente. Al final, el regreso a Reus tuvo lugar sobre la una y media de la madrugada, menos mal que la jornada del viaje a Mora la Nueva se había previsto a una hora cómoda, sobre las 10.30 con lo que se pudieron recobrar fuerzas.

El viaje con tracción vapor constituía un homenaje a la memoria de Eduardo Maristany y Gibert, autor de la construcción del túnel de la Argentera, hecho que quedó plasmado en una placa conmemorativa que se descubrió en la estación de Pradell.

Sobre el mediodía se llegó a Mora, trasladándose los participantes en autocar a Miravel para visitar los famosos talleres de alfarería y a Pinell de Bray, con su importante “séller”, único, donde se ofreció un vino de honor, regresándose a Mora para almorzar.

Por la tarde se regresó otra vez a Reus en tren especial con tiempo para asistir a una recepción en el Ayuntamiento y a la cena de clausura en al Palacio Bofarull.

En este año se incorpora a la Federación con el número treinta y dos la Asociación de Dénia, con el número treinta y tres Alicante y con el número treinta y cuatro Miranda de Ebro.