Desde cualquier punto de España, alcanzar Ponferrada era un avance del Congreso en cuanto a paisajes recorridos y tipo de trenes a utilizar. Más de cien congresistas se dieron cita para tomar parte en un viaje irrepetible en el tren correo remolcado por la locomotora nº 31, de Ponferrada a Villablino.

En principio se había previsto que la mitad de los congresistas fueran en el tren y la otra en autobús, para cambiar a la vuelta de medio de transporte, pero no hizo falta porque se pudo aumentar la composición y todo el mundo pudo disfrutar simultáneamente del maravilloso recorrido por la cuenca del río Sil. Especial significado tuvo el paso por el túnel del pantano de Las Rozas, cuya boca sur estaba por debajo del nivel del agua, mientras la boca norte precedía a un puente sobre las mismas. Aquí hubo parada y descenso de fotógrafos para captar una estampa que ha quedado inmortalizada en postales a todo color.

Antes y después del viaje se pudo visitar la reserva de tracción donde veintiséis locomotoras de vapor grandes (de la once en adelante) y pequeñas (de la primera a la décima) permitían establecer contacto con el último vestigio de vapor carbón de España. Desgraciadamente poco más de un año después de este congreso el tren correo desaparecía y con él toda una era de trenes de viajeros.

En la segunda jornada del congreso se hizo el mismo recorrido pero en autobús, con lo que hubo oportunidad de fotografiar los trenes desde la otra perspectiva. Se visitaron las instalaciones mineras, principalmente las entradas de las minas con las vagonetas que descargaban del carbón en tolvas de las que pasaría a las composiciones de vagones. Impresionante el descenso de dichas vagonetas por los planos inclinados, así como el volteo de las mismas para vaciarlas.

Por la tarde a León en tren especial de Renfe, remolcado por la mikado 141-F-2111 y compuesto por seis coches metálicos BB4-6000.

Los maquinistas sufrieron un pequeño calvario en el duro recorrido a Léon, con el puerto del Manzanal por medio, en el que atravesamos el famoso túnel del Lazo. Era tal la presión de los humos del escape sobre la bóveda del túnel, que algunas piedras se desprendieron golpeando los techos de los coches. En algunos momentos el temor asomó al semblante de muchos pasajeros, poco acostumbrados a circular por un perfil tan duro en las condiciones de treinta años atrás.

En Astorga, toma de agua y descanso para continuar casi poniéndose el sol, siguiéndonos a distancia la locomotora eléctrica 7772, por si había algún desfallecimiento, pero los únicos desfallecidos fuimos los congresistas que a las once de la noche llegábamos hambrientos a Léon.

El sábado por la mañana se fue a visitar en autobús las Cuevas de Valporquera y por la tarde, en unidad eléctrica 600, excursión con niños de un colegio leonés al Puerto de Pajares, pero nos quedamos en Busdongo, ya que las obras en la estación de Pajares nos impidieron seguir más adelante.

Al regreso de la excursión hubo reunión de delegados y una de las cenas más espectaculares que hayamos tenido en estos congresos, en el Parador de San Marcos. Especialmente recordamos la entrada en el comedor de las tartas del postre, iluminadas con velas y el efecto añadido de haberse apagado las luces eléctricas antes de entrar los camareros con ellas.

Al final de la cena se repartieron obsequios entre los asistentes y para cada Asociación un tren Talgo a escala N, ofrecido por Patentes Talgo en reconocimiento a la labor de apoyo para que este tren tan español se reprodujera para todos los aficionados del mundo.

Este congreso fue organizado por primera vez por la Federación al no existir Asociación en la zona de León, y se dieron de alta las Asociaciones de Algeciras, Oviedo y Cádiz, además de Palma de Mallorca.