El mar y la montaña nunca estuvieron tan juntos como en este congreso organizado por Fermont, siglas de la Asociación de Torrelavega, a cuyo frente estaba el dr. Ramón Fernández, con el que hemos coincidido dentro y fuera de España y no hemos podido saber si es mejor persona o modelista. El esfuerzo que hizo en esta ocasión por presentar un programa de actos modélico, nunca se lo agradeceremos bastante a él y sus colaboradores.

Locomotoras de vapor de las minas de Nueva Montaña. Foto: José González Zorrilla.

Por razones estratégicas, el alojamiento de los congresistas se hizo en Santander y por lo tanto, de la capital cántabra se salía cada mañana para las visitas y excursiones. En la primera jornada se visitaron las factorías de Nueva Montaña Quijano, donde se pudo contemplar el parque de locomotoras de vapor de tipo industrial funcionando, en un ambiente climatológico típico de la cornisa cantábrica. El recuerdo que nos queda es de fina llovizna y lucha entre el mantener el paraguas en posición y la máquina fotográfica en situación de encuadre.

Locomotoras de vapor de las minas de Nueva Montaña. Foto: José González Zorrilla.

Apertura solemne del congreso en Torrelavega con vino de honor e inauguración de exposición de modelismo, filatelia y fotografía ferroviaria. Hubo sobre y matasellos especial conmemorativo.

En autobús nos trasladamos a Santillana del Mar para almorzar y a continuación recorrer a pie las calles del núcleo rural más característico de España con sus calles empedradas, recorridas por el ganado vacuno y el inconfundible olor a establo de los inmuebles. Se completó la tarde con la visita a las cuevas de Altamira y bien que lo agradecimos, porque a partir de entonces las visitas se han ido limitando más y más para evitar el deterioro del turismo masivo.

Locomotoras de vapor de las Minas de Reocín. Foto: José González Zorrilla.

Antes de regresar a Santander, tuvimos la oportunidad de contemplar en Reocín las maravillosas locomotoras de la Compañía Asturianas de Minas que las conserva en magnífico estado. Todos disfrutamos lo indecible retratándonos a bordo de las pequeñas locomotoras de uso industrial pintadas en vivos colores, que contrastan con el dorado de los brillantes metales.

Para que el día se aprovechara al máximo, todavía hubo en el hotel de los congresistas una sesión de cine ferroviario con escenas de pasados congresos, en las que muchos aparecíamos como eventuales protagonistas.

Locomotora de vapor nº 11 de las Minas de Reocín. Foto: José González Zorrilla.

En la jornada del martes, salimos en tren especial de Renfe remolcado por locomotora eléctrica japonesa, adornada con banderas nacionales de participantes franceses, españoles y ¡un japonés!. Rápido desplazamiento hasta Reinosa llevando invitados en uno de los coches a los alumnos de un colegio santanderino, siendo este congreso en el que por primera vez se tomó esta iniciativa, que posteriormente se ha repetido en numerosas ocasiones.

Mientras los niños quedaban en Reinosa, los congresistas nos fuimos en autobús a la estación de alta montaña de Campoo, donde se pudo contemplar una bella panorámica.

Después del almuerzo retornamos a Reinosa donde nos esperaba al frente de la composición del congreso la locomotora de vapor 141-F-2413, que fue mostrada a los colegiales explicándoles sobre una pizarra los fundamentos de sus mecanismos.

Cambio de tracción en Reinosa. Foto: José González Zorrilla.

Esta clase improvisada a los escolares en Reinosa, dio pié a que en Sevilla se montaran las “Campañas de Formación Ferroviaria para escolares”, que tanta repercusión han tenido en otras ciudades e incluso a nivel de Renfe, con el “Aula Viajera” y “Conoce la estación de tu ciudad”.

La bajada con el tren a vapor hasta Santander mantiene en nuestra memoria escenas inolvidables. La tarde era soleada y el verde de los montes contrastaba con el negro de la locomotora y el blanco del humo. Al entrar en Santander, las ventanas de los edificios colindantes con la vía se poblaron de personas que saludaban ante los atronadores pitidos de la mikado. En los andenes se desbordó la emoción de los padres que esperaban a los colegiales, alborozados por vivir un viaje inolvidable.

Locomotora de vapor 141F-2413 engalanada para la ocasión. Foto: José González Zorrilla.

Los congresistas todavía pudimos vivir otra emoción más, que fue la de navegar por la bahía de Santander a bordo de pequeñas embarcaciones a motor, desde las que se pudo gozar de una perspectiva desconocida de la playa del Sardinero y el palacio de la Magdalena. Realmente fue una de esas jornadas que permanecerán como síntesis de los logros alcanzados en los años de historia de la Federación.

La jornada de cierre se dedicó a la vía estrecha haciendo un recorrido hasta Unquera en un tren especial de Feve, para desde allí en autobús dirigirnos por el impresionante desfiladero de la Hermida a la villa de Potes y Picos de Europa, con ascensión en teleférico a Fuente De, donde se almorzó en el Parador y los delegados tuvieron la Asamblea General, que con toda propiedad podemos calificar de una sesión de trabajo de altura.

Tren especial de FEVE en Unquera. Foto: José González Zorrilla.

La cena de clausura fue en un restaurante de la bahía y sesión folclórica a cargo del Coro Ronda Garcilaso de Torrelavega, que fue muy aplaudido.

En el quince aniversario de la Federación se incorporaron las Asociaciones de Cornellá, Zaragoza y Vigo.

En estos primeros años, la presidencia rotaba anualmente entre las diferentes Asociaciones hasta 1972 que, tras la modificación de los Estatutos, la presidencia es elegida por votación por un periodo de cuatro años, siendo el primer presidente así elegido Enrique Fatjó Millet, de Barcelona, sucediéndole en 1976, Fernando Merino Sánchez, de San Sebastián.

También por elección se designan tres vocales por las Asociaciones, mientras el presidente elige un equipo de tres personas de su misma localidad para llevar la vicepresidencia, secretaría y tesorería, así como dos consejeros con experiencia anterior en la Federación.