Entre las varias posibilidades de ubicación de la sede del congreso, se eligió el Hotel Cervantes de Torremolinos por su categoría y estar situado justo encima de la estación de Torremolinos, del Ferrocarril Málaga-Fuengirola. Y bien se agradeció por la comodidad en todos los órdenes que ello supuso, entre otras, el desplazamiento a Málaga con billete colectivo concedido por la Dirección de Zona, que nos permitió utilizarlo como tren del congreso.

Si en el día de llegada tuvimos una lluvia fina y persistente, en la primera jornada, un sol esplendoroso y cielo interesantemente azul nos acompañó en la visita a los talleres de material de Los Prados, donde se hacía la revisión de coches 8000. Se pudo ver por primera vez en un congreso todo el ciclo de mantenimiento de un coche de viajeros. La especialización en un solo tipo de coche ha permitido una alta productividad y un óptimo nivel de calidad. Llamó la atención el almacén de repuestos con un sistema de localización de piezas de una gran eficacia.

Del Taller de Los Prados marchamos en autobús a la finca municipal “La Cónsula” donde el alcalde, Pedro Aparicio, un gran aficionado a los trenes en miniatura, nos recibió como alguien que comparte una misma afición. La comida en tan bello paraje fue doblemente apetitosa.

Por la tarde desplazamiento a Nerja para conocer las famosas cuevas donde se celebran festivales de música y danza mundialmente famosos.

Por la noche se inauguró en la Caja de Ahorros una exposición de modelismo y filatelia con sobre conmemorativo y matasellos especial de la Dirección General de Correos.

En la segunda jornada, las visitas fueron eminentemente turísticas con desplazamiento en unidad eléctrica a Fuengirola para continuar en autobús a Marbella, Puente Romano y Puerto Banús. Lugares de ensueño en los que cada congresista pudo imaginar las más fantásticas vacaciones en medio del lujo que nos rodeaba.

En la Hacienda El Toro, donde estaba prevista la comida, se coincidió por puro azar con el Coro ganador del concurso de chirigotas de Cádiz, el cual con la gracia y la chispa picante de la tierra nos hicieron pasar un rato agradabilísimo en el que muchos lloraron de risa y es que aquello era para verlo y oírlo simultáneamente. Nos acordamos de aquellos sempiternos que calificaban el congreso de poco interesante porque no había vapor, aunque se intentó, pero una mangueta averiada de la locomotora de Guadix, utilizada en el rodaje de películas, impidió que se redondeara el programa.

El tercer día fue cien por cien ferroviario, con excursión a Bobadilla y Antequera en Tren Especial remolcado por una diesel 1300 de Granada, en la que se metió el amigo Manolo, famoso en la Ciudad de la Alambra por su chalet ambientado al lado de la vía férrea como una estación, para un interminable concierto de bocina que a su mujer le puso al borde de un ataque de nervios.

El alcalde de Antequera dispensó una cariñosa acogida a la expedición y en Bobadilla pudimos disfrutar de una instalación privada de trenes a escala HO, en la que no sabemos quién disfrutó más, si los congresistas o los cien escolares malagueños invitados a realizar el viaje en tren.

El congreso terminó con la tradicional Cena de Clausura, en la que hubo sorteo de regalos enviados por las casas constructoras de material ferroviario a escala.

La crisis económica y la distancia a Málaga redujo la asistencia de congresistas, lo cual es de sentir, primero por los organizadores que pusieron la mayor ilusión en ofrecer un programa interesante, variado y muy atractivo, y segundo por los que no vinieron, perdiendo la ocasión de pasarlo bien y convivir con los amigos de todos los años a los que se sumaron la Asociación de Tarragona.