La Asociación de Amigos del Ferrocarril de Granada era en este momento una sección del Club Alhambra y sobre dos personas recayó el peso de la organización del programa de actos, los Sres. Rico y Azpiroz, que se multiplicaron hasta dar la sensación de tener el mismo potencial humano de las Asociaciones veteranas.

El resto lo puso el embrujo de la ciudad, que en esas fechas celebraba sus famosísimas fiestas de la Cruz de Mayo. Ya el día de la llegada de los congresistas hubo una improvisada ronda por el Albaicín, que dejó encantada a la expedición.

El programa comenzó el lunes con visita turística en autobús con subida a la Alambra y al Generalife, Muchos quedamos impresionados con la pasión que el guía puso en las explicaciones sobre los fundamentos de cada estancia, jardín o curso de agua. ¡Qué murmullo el del agua, su discurrir por las acequias o el surgir por los surtidores. Que visión la de sus constructores al situar las estancias frente a cumbres y vegas!.

A continuación visitamos el Ayuntamiento, donde fuimos recibidos y agasajados con un extraordinario refrigerio. Por la tarde, visita al depósito de tracción diesel de Renfe, en el que se ha colocado un monumento al vapor, una preciosa 0-2-0 de construcción belga del año 1902.

Antes de la cena, presidida por el alcalde accidental, sesión de trabajo de los Delegados con transferencia reglamentaria de la presidencia a la Asociación de Valencia.

En la segunda jornada se comenzó visitando las cocheras de Tranvías y haciendo en uno de ellos el recorrido hasta Dúrcal. La impresión que sacamos fue un poco triste porque el estado del material hacía presagiar un fin próximo a la explotación tranviaria, dado el grado de deterioro del material y la carencia de inversiones, no solo para mejoras, sino incluso para el mantenimiento, mucho más necesario en una línea suburbana como la de Dúrcal, en la que había viaductos, túneles y trincheras, como en cualquier línea ferroviaria. Esta línea estaba explotada por Feve.

En autobuses bajamos a Almuñecar, donde se nos ofrece una estupenda comida. Disfrutamos de un paseo por la playa y regresamos a Granada por Motril, atravesando cultivos tropicales a la vez que divisamos la nieve en las cumbres de Sierra Nevada. Algo fascinante e inédito.

La última jornada fue de excursión por todo lo alto en el tranvía de Sierra Nevada, sobre vía de 75 centímetros y un recorrido de 19 kilómetros, atravesando fantásticos paisajes y algunas obras de fábrica notables. La composición estaba formada por coche motor y dos coches remolques, que fueron fotografiados desde todos los ángulos posibles, ya que tuvimos el privilegio de pararlo en sitios estratégicos, escalando lo que se nos ponía por delante y enfocarlo a gusto de cada uno.

Los autobuses tomaron el relevo para llevarnos por la carretera más alta de Europa hasta el parador de Sierra Nevada, donde comimos y celebramos con una tarta muy ferroviaria, el 80 cumpleaños de un congresista de Madrid. Por la tarde descendimos de las cumbres y dispersión de los asistentes a las ciudades de origen.