|
LA FEDERACIÓN
| IV
Congreso Después
de tres congresos, se habían establecido entre muchos amigos de las
Asociaciones, lazos estrechos de amistad y encontrarnos entre vías, máquinas y
vagones producía una inmensa alegría. Permítaseme
aquí un recuerdo para una persona extraordinaria como fue Manuel Rosich, un
hombre serio, con un cargo serio, como era la inspección de Hacienda, pero que
tenía un humor y un empuje que te hacía sentirte feliz y seguro a su lado.
Empleo estos términos porque a la sazón entonces nos separaban no menos de
veinticinco años. Él y sus colaboradores, entre los que se encontraba el
director del Banco Popular, Sr. Aramburu, que cuando ocupaba en Sevilla el mismo
cargo en el Banco de Bilbao, ayudó a despegar a la Asociación Andaluza
proporcionando Estatutos, experiencia y colaboración. Bilbao
no recibió como es normal, es decir con lluvia, que no nos abandonó en los
tres días del congreso. Pero además la bienvenida tuvo lugar en el coche salón,
sede social de los Amigos de la capital vizcaína. Ni que decir tiene que la
sorpresa fue superlativa. A
media mañana recepción cariñosa del alcalde, que tuvo algún lapsus como
calificar el ferrocarril de Aranjuez, como el primero de España. Los amigos
catalanes fruncieron el entrecejo. No era para menos, después de lo que
luchamos para que los trenes circularan por primera vez en España, entre
Barcelona y Mataró. Menos mal que luego entre copa y copa del espléndido
refrigerio se aclararon las cosas. En
autobús nos desplazamos a la factoría Babcok-Wilcox para hacer una detenida
visita. Se encontraba en la cadena de fabricación la locomotora diesel 10800,
conocida popularmente como “Ye-yé”. Algunos echaron de menos una locomotora
de vapor de las que en buen número se fabricaron en esta factoría, pero estábamos
en pleno Plan de Modernización de Renfe y se iba a la dieselización total de
las líneas que no estaban electrificadas. A
media tarde se regresó a Bilbao para subir a Begoña y postrarnos ante la
patrona de Vizcaya. Descendimos en el funicular de Archenda y cena libre, para
elegir cada uno en la afamada cocona vasca. Los
delegados españoles y franceses fueron invitados por la Asociación de Bilbao a
una cena en el restaurante ferroviario Colavidas. Todos comprendían que no se
podía invitar al total de participantes, pero se apuntó que en lo sucesivo se
podría pagar una cuota de congresista para que en la cena principal se reuniera
todo el mundo. Así se institucionalizó la cena del congreso y la cuota de
inscripción, siendo Sevilla donde por primera vez se cumplió este acuerdo. La
jornada siguiente por ser dominical, nos permitió un viaje especial a Triano,
por la línea BPT de la margen izquierda de la ría. Luego hicimos en microbuses
el trasbordo al funicular de La Reineta, desplazamiento que no se nos olvidará
por la maniobra en plena carretera que nos dejó con las ruedas al borde de un
precipicio. Decididamente lo nuestro eran los trenes. Este funicular era fácilmente
adaptable para el transporte de mercancías, mediante una rápida maniobra de
retirada de la carrocería. A
continuación, otra vez en autobús, a ver la mina de hierro de la Orconera, con
recorrido en el coche salón de la reina regente hasta Luchana, con
tracción vapor y vía métrica. Trasbordo a Renfe y de nuevo en Bilbao,
donde por la tarde se celebraba la Asamblea de la Federación, en la que, entre
otros acuerdos, se aprobaba el ingreso de la Asociación Valenciana de Trenes
Miniatura, que después de la Junta Fundacional de Zaragoza, decidió no
integrarse en la Federación. Posteriormente comprobaron que, en mayor o menor
medida, todas las Asociaciones dedicaban gran actividad a los trenes de
miniatura, como ellos propugnaban. Esta
reunión de trabajo tuvo lugar en la dirección del Banco Popular, quedando los
asistentes muy impresionados por las atenciones y medios puestos a nuestra
disposición por el querido amigo Aramburu. Los que no intervenían en la
Asamblea General, se fueron a ver los “Vascongados”, el Ferrocarril de La
Robla, El Portugalete o el Suburbano de Plencia. Había trenes para todos los
gustos y anchos de vía. El
último día, una vez transmitida la presidencia a Sevilla, viaje en unidad eléctrica
a Miranda, para visitar su completísimo depósito, donde estaban Confederación,
Montañas de Norte, la 1800 de M.Z.A., conocida como “linda tapada” y, por
último, la eléctrica 7200, material asaltado por más de treinta congresistas,
que se metieron en su interior, ávidos de pisar una Norte grande. De
Miranda los más regresamos directamente a casa y el resto volvió a Bilbao en
la misma unidad eléctrica. |